Vaya año de cine español. Ahora,
cuando todavía no se conocen los nominados a los Premios Goya, y
2013 encara su último mes, es buen momento para hacer balance del
año cinematográfico. Y hacerlo más allá de cifras de recaudación
y de espectadores, que últimamente parece que es lo único que
importa. Y sí, claro que es trascendente porque en esto, como en
todo, se juega con dinero, y sin él no hay nada que hacer. Pero es
sintomático que después se nos llene la boca cuando hablamos de
calidad y arte y apenas nos paremos a reflexionar sobre estas
cuestiones. Que un poco de autocrítica viene muy bien.
La cosecha española de 2013 ha sido, a
mi entender, ya que esto es terriblemente subjetivo, la peor en
muchos años. Incluso los pesos pesados, aquellos que suelen salvar
la catástrofe, se han venido abajo en esta ocasión. Como ejemplo
más evidente, Almodóvar y su comedia alocada ('Los amantes pasajeros') con la que buscaba
revivir los laureles de 'Mujeres al borde de un ataque de nervios'
(1988). Contra todo pronóstico, ha firmado su peor obra en, al
menos, quince años, que se dice pronto. Queda claro que el nuevo
Almodóvar, el que Francia y medio mundo alaba desde 'Todo sobre mi
madre' (1999), se maneja mucho mejor en el drama y en el thriller.
Comedia
Con Almodóvar por los suelos, la
búsqueda de un referente en el panorama nacional ha resultado
infructuosa. La comedia sigue fuerte en tiempos de crisis, pero sus
propuestas se quedan en meros pasatiempos. Quizás la más destacada
sea 'La gran familia española', que es la muestra más increíble de
cómo una película puede arrancar de manera pésima y acabar tan
bien. Aun así, Daniel Sánchez Arévalo no logra hacerse sombra ni a
él mismo con su excelente debut, 'Azuloscurocasinegro' (2006).
Álex de la Iglesia, nuestro Tim Burton
a la española, ha vuelto a gastarse la pasta en hacer algo
llamativo, con una buena campaña de promoción, pero con un
resultado discreto, más allá de algunas escenas puntuales muy
resultonas. Por mucho que tras su paso por la Academia del Cine caiga
mejor al populacho -habría que conocer la opinión de sus compañeros
de profesión que le hostigaron hasta sacarle de la presidencia-, las
obras de relumbrón del cineasta apenas pasan de un par. Su aquelarre
en 'Las brujas de Zugarramurdi' no entre en ese grupo.
Otros que llegan con la risa como aval
en el último trimestre son Santi Amodeo ('¿Quién mató a Bambi?')
y Javier Ruiz Caldera ('Tres bodas de más'). Ambos funden buenas
críticas con otras encarnizadas. Tiran de rostros conocidos para que
la taquilla les sonría, pero será extraño que se las tenga en
consideración. En este punto, si miramos un año hacia atrás, vemos
que la comedia tuvo mejor recibimiento: 'El mundo es nuestro'
(Alfonso Sánchez), 'Carmina o revienta' (Paco León) o
'Extraterrestre' (Nacho Vigalondo). Recibimiento de crítica, por
supuesto, nunca de taquilla.
Drama
Si nuestra comedia, aunque productiva,
flaquea, sería lógico pensar que los platos fuertes este año nos
los sirven cargaditos de drama. Mucho me temo que tampoco es así.
Basta ver la preselección española para optar a los Oscar. Además
de la comedia de Sánchez Arévalo antes mencionada, pujaban 'Alacrán
enamorado', '15 años y un día' y 'Caníbal'.
De todas ellas, 'Caníbal' (Manuel
Martín Cuenca) había logrado cierta unanimidad por parte de la
crítica como lo mejor del cine español este año. Ahora bien, se
trata de un largometraje demasiado desnudo, en varios sentidos, con
una gran escena de terror y una fantástica interpretación a cargo
de Antonio de la Torre. ¿Es esto suficiente? Desde luego que no. Ni
para atraer al público ni para convencer a la Academia de Cine. Los
parabienes que recibió en su pase en el Festival de San Sebastián
no debieron de llegar a quienes tomaron la decisión que optar por el
filme de Gracia Querejeta.
Así que '15 años y un día', que pasó
sin pena ni gloria por la pantalla grande en primavera, se encontró
con un premio para el que no da la talla. A su favor, de cara a que
el jurado americano no la descarte de inicio, están sus buenas
intenciones, la idea de encauzar a un adolescente descarriado, por
supuesto, con todos los tópicos tantas veces trillados en el cine de
Hollywood. A mi entender, de las cuatro preseleccionadas, era la más
floja. Más que ese largometraje inmerso en la práctica profesional
del boxeo con alguna reminiscencia neonazi que es 'Alacránenamorado' (Santiago Zannou), con interesante cameo de nuestro actor
más reconocido, Javier Bardem.
Sinceramente, no me imagino '15 años y
un día' peleando de tú a tú con las cintas que este año acaparan
todas las papeletas para optar al Oscar a la mejor película en
lengua no inglesa. A saber: 'La gran belleza' (Paolo Sorrentino), 'La caza' (Thomas Vinterberg), 'El pasado' (Asghar Farhadi), 'La bicicleta verde' (Haifaa Al-Mansour) o 'La vida de Adèle' (Abdellatif Kechiche), por citar unas cuantas. Algunas ya las hemos
disfrutado por aquí, y otras están al llegar, pero no hay color.
Todas ellas son obras superiores a lo filmado en España este año y,
además, varias de ellas van con el aval de sus directores y ya optan a los Independent Spirit Awards.
Obras menores
Quizás lo más interesante de nuestro
cine en 2013 sean obras sin tanta parafernalia publicitaria pero que
apuntan maneras. A bote pronto, se me ocurren 'Stockholm' (Rodrigo
Sorogoyen), 'Los ilusos' (Jonás Trueba), 'Todas las mujeres'
(Mariano Barroso), 'Vivir es fácil con los ojos cerrados' (David
Trueba), 'Gente en sitios' (Juan Cavestany) o 'Barcelona, noche deverano' (Dani de la Orden). No obstante, a excepción del trabajo de
David Trueba, lo tendrán complicado para rascar en los Goya algo más
allá de nominaciones por alguna interpretación de bandera o en
reconocimiento a su debut en la dirección.
Ni el experimento crowdfunding
de 'El cosmonauta' (Nicolás Alcalá) salió bien. En esto, Rodrigo
Sorogoyen con su 'Stockolm' sí ha sabido montárselo mejor. Lo
importante, que se hayan estrenado en cines. No les fuera a pasar lo
que a Carlos Vermut el año pasado con su opera prima 'DiamondFlash', un lujo de rompecabezas visual que la Academia no aceptó por
su exhibición en internet pero no en la gran pantalla. Cosas de esas
raras a las que nos tienen acostumbrados nuestros académicos,
siempre muy proteccionistas, como cuando decidieron que los
galardonados por una buena interpretación debían contar con más de
16 años.
Ante el mal tiempo del cine español,
en calidad y en cifras, no queda otra que encarar el futuro con algo
de optimismo y apelar a las obras venideras de Alejandro Amenábar,
Nacho Vigalondo o Daniel Monzón y saborear el éxito de 'Historia demi muerte' (Albert Serra) cosechado en el Festival de Locarno o la
nominación al mejor cortometraje de ficción de Esteban Crespo por
'Aquel no era yo'. Por si acaso, ya asoma 'Torrente 5', si no para
salvaguardar la calidad, sí para hacerlo con la taquilla. Todo
cuenta.


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