Crónica del I Encuentro sobre Arte y Psicología de la Universidad a Distancia de Madrid, en relación con la obra de Mario S. Nevado
“Encuentra lo que amas y deja que te mate.” Con esta traducción de C. Bukowski, Mario Sánchez Nevado sentenció la exposición magistral sobre sí mismo. Se trata de un joven artista, que alguno llamaría “de hoy en día”, escondido bajo la honestidad de un ser humano infinitamente cercano a los mortales, pero que todos, los que nos dejamos caer por el I Encuentro sobre Arte y Psicología de la UDIMA, sin duda, tuvimos el honor de descubrir. Haciendo preguntas a la naturaleza, que existe y nos envuelve desde siempre, encontró este chaval la respuesta del que sería su papel en el mundo: “Verlo y representar lo que no se ve.” Fue precisamente la naturaleza muerta, el primer bodegón que dio a luz para las Bellas Artes, en los albores de su vida, ese germen que dio forma -y sentido- a su prematura carrera artística. Y es que Mario, sepultado en el academicismo de la norma, escondió, durante el tiempo que dura un suspiro, su verdadera esencia. Cogió aire, buceó en la profundidad y encontró un discurso más sincero y genuino cada vez, un tanto intenso, caótico, transgresor... Pero, en definitiva, todo lo valioso en lo que te convierte la parte original tan nuestra. Este polivalente director de arte, pasado ya el impasse de inflexión vital y habiéndose topado con una semiótica propia, se dio cuenta de cuánto tenía que decirnos bajo la rúbrica de sus obras, “hablando de la emoción, desde la emoción y para la emoción.” En este sentido, las sorprendentes creaciones que fueron naciendo le devolvieron, a unas tímidas manos de pintor, el alma de genio.
¿Y qué es un genio? Responderlo no es una cuestión baladí. La exposición del pintor digital, “Reflejos del subconsciente despierto”, bastó para la reflexión de la audiencia ante semejante incógnita. En concreto, y casi por juegos del azar que se divierte, la obra de Sánchez Nevado atrajo la atención de dos profesores ávidos de conocimiento y rebosantes de vocación por aquello que les apasiona -y, como recogió Bukowski para la posteridad, por lo que estarían dispuestos a dejarse la piel-, el Arte y la Psicología, respectivamente. Un intenso estudio transversal que fusionó dichas disciplinas, fue puesto en marcha por ambos maestros -más sus alumnos, no menos intrépidos-. No cabe duda de que la amplia información de las grandes y póstumas obras existentes, no tiene parangón al contemplar la posibilidad de estudiar el estilo y la personalidad de un artista in situ. Dicho lo cual, ¿genialidad o locura? ¿Son tan distintos los artistas a los que les separa la evolución de los métodos y el abismo del tiempo?
Carmen Hidalgo, profesora del Grado en Periodismo de la UDIMA, inauguró el segundo y último día de este encuentro. Ilustrados por los grandes, nuestras miradas volaron al pasado inmersas en pinturas que aún guardan síntomas de vidas turbulentas, intensidad efectista y, por qué no, supuestos retazos autobiográficos teñidos por la patología que sesgaba sus obras. Caravaggio, con sus fuertes contrastes, su falta de escrúpulos frente a la transgresión o su rechazo particular al ideal de belleza renacentista, por ejemplo, no desentona en absoluto con tendencias que Mario aplicaría también, a día de hoy, a sus creaciones. Esa oscuridad que -explicó el artista- “sólo percibimos a través de los sentimientos.” Y es que Mario Sánchez Nevado, con el Photoshop entre manos, cuenta al universo otro universo narrativo que arrebata importancia a lo meramente hermoso por su estética. Por otro lado, ¿quién puede entender las famosas pinturas negras que vistieron la casa de Goya? De la misma manera que los alumnos, en sus brillantes hipótesis, no pudieron discernir, confundidos por la androginia del cuadro de Sánchez Nevado (titulado “Protección”), si se trataba de un hombre o de una mujer. Lo insuperable fue la respuesta del pintor: “Es una persona, qué más da si es un hombre o una mujer”. ¿Será esta la clave? Pienso, en el arte, como en la vida, deambulamos atentos a aquello que parece lo verdaderamente importante, pero en el fondo no lo es.
| De izda. a dcha: Carmen Rigalt, Mario Sánchez Nevado y Rodolfo Gordillo. |
Por su parte, Rodolfo Gordillo supo cerrar el círculo dorado con la particularidad psicológica de esta experiencia. En palabras de nuestro protagonista, Mario Sánchez, el arte “no es un ejercicio sólo intelectual, me parece estúpido obviar las emociones.” Y, en efecto, este profesor del Grado en Psicología de la UDIMA, algo tuvo que decir sobre ello. Aun no considerando a la locura el ingrediente insoslayable del genio, nos explicó como la psicopatología puede llamar a la creatividad. Colores intensos; relación de elementos imposibles; el protagonismo de la emoción y la ausencia del control inhibitorio a la hora de crear, son algunas de las constantes comunes a estas mentes brillantes, también latentes en el trabajo de Mario. Yo, sin dudarlo, le recomendaría a este seguir el consejo, loco o sublime, de Van Gogh: “Si oyes una voz dentro de ti diciéndote <<no sabes pintar>>, pinta, ¡faltaría más! y la voz se callará.”
Como antesala al Cóctel de las Musas, alrededor de una mesa redonda desfilaron las ideas más audaces y algunos pensamientos cobardes, dispuestos a perdurar en el anonimato. Un tema que se agota en el enigma. Quizá, se resuma en la perversión de la curiosidad de quienes no fuimos tocados por el don, pero, a menudo, nos maravillamos por este. Resulta fácil imaginar la sonrisa irónica, dibujada en el subconsciente despierto de Mario, al contemplar -con infinita prudencia- cada intento fallido por encerrar la grandeza en palabras demasiado prietas. Este pintor contemporáneo aseguró "coger lo que no es real para explicar lo que no se entiende de la realidad; intentar lanzar, durante un segundo, un fogonazo de luz". Puede que con esta luz sea suficiente quedarnos, dejarnos alumbrar por los sentidos, sin ambicionar imposibles certezas.
Así pues, tal vez una obra de arte sea, atendiendo a la cita que nos acercó el profesor Gordillo, lo que cada uno considere que se identifica con él; o podría el arte tratarse de un tesoro escondido al abrigo de la historia, el misterio que sucumbió a la muerte de los grandes, Caravaggio, Goya o, verbigracia, Van Gogh. Perlas camufladas entre las imágenes, como las que Carmen Hidalgo nos regaló, que cual diamantes brillarán al paso de lo eterno. La objetividad de las matemáticas; la belleza de lo subjetivo; la varita que se posa y, de pronto, nos hace sentir... Yo me quedo -y os dejo con el punto final que cierra a los suspensivos- con las reflexiones reflejadas por el consciente de este gran genio -y sus “locuras”-, Mario Sánchez Nevado: fijarnos en “la magia de lo cotidiano”. “Meditar más sobre este mundo” y, sólo de esta forma, lograremos “empatizar con él”.

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